Utilidades del Arte como herramienta de cambio social [1]

Coincidiendo con el inicio del curso de postgrado “Arte, Cultura e Intervención Social” lanzamos esta serie de artículos, que son una reflexión sobre nuestra forma de trabajar y las necesidades que nuestro entorno social tienen de utilizar la cultura y el arte para promover un mundo mejor.

Hace ahora seis años iniciamos esta experiencia formativa en la que intentamos preparar a los alumnos para la vida profesional a través de una actividad tan apasionante como el uso de iniciativas culturales y artísticas para cambiar nuestro entorno social. La próxima semana arrancamos con la 10ª edición de este curso de experto de 150 horas, y es para nosotros un honor. Por eso lo celebramos con un descuento significativo, que además se añade a otros descuentos que tradicionalmente tenemos.

Muchas son las funciones que la cultura puede cumplir a favor de las personas que se encuentran en situación de riesgo, desventaja o exclusión social.

En todas ellas existe un eje común: el resultado es una excusa. Es el proceso lo realmente importante. Lo más relevante no es el qué se hace, sino el hacer en sí mismo. Como fin último.

Intentaremos exponer a continuación, con algunos ejemplos, diferentes áreas en las que el Arte y la Cultura pueden ponerse al servicio de estos colectivos.

1. El arte como instrumento de intervención

  • Implica un espacio de expresión ante los otros, a través de canales de comunicación diferentes –y en ocasiones, más eficaces- que los habituales (i.e. personas con discapacidad intelectual que memorizan su papel en una obra de teatro).
  • Representa una vía potencial para la mejora de distintas capacidades superiores  (atención, percepción, memoria…) (i.e. personas con enfermedad mental que a través del teatro consiguen incrementar sus habilidades sociales).
  • Supone un instrumento para el aprendizaje de destrezas y habilidades (coordinación visomotora, psicomotricidad, habilidades sociales, etc…) (i.e. personas con síndrome de down que bailan danza).

2. El arte como espacio de normalización

  • Desde esta perspectiva, pueden considerarse las actividades artísticas y culturales como un espacio en el que interactuar con otros colectivos, evitando así la endogamia que generan con frecuencia las instituciones y los recursos que se encargan de la atención de personas con necesidades especiales (i.e. proyectos artísticos en los que se implican prostitutas).
  • Además, ofrece un espacio en el que poder descubrir y potenciar determinadas destrezas que algunos colectivos en situación de desventaja presentan, pero que en entornos más restringidos –y a menudo sobreprotectores- no permiten proyectar (i.e. personas ciegas que modelan barro).
  • Implica, igualmente, un espacio –incluso físico- normalizado. Diferente a los lugares de los que habitualmente participan las personas en situación de desventaja social (i.e. prostitutas que acuden a un taller de escritura creativa).
  • Las iniciativas artísticas y culturales representan espacios en los que las personas con algún tipo de necesidad especial pueden medirse y someterse al juicio de los otros, de la población general, que no participa del prejuicio de su condición, y que por lo tanto puede devolverles una imagen normalizada de sí mismos y de su desempeño (i.e. exposición colectiva en una Institución Cultural de las obras de niños de la calle).
  • Además, ofrece un amplio abanico de posibilidades –con relación a las distintas disciplinas y técnicas- para la expresión o la consecución de unos objetivos dados (i.e. personas con síndrome de Down que están integradas en compañías de danza).

3. El arte como instrumento de sensibilización, visibilización y lucha contra el estigma

  • Las actividades artísticas y culturales pueden ser una vía para visibilizar la realidad de las personas que pertenecen a grupos en desventaja social. A través de sus trabajos o de demostraciones de otros sensibilizados a dichas personas y colectivos, la población puede acceder a información que contribuya al mayor conocimiento o al cambio de actitudes respecto a ellos (i.e. elaboración de una guía práctica por parte de chicas con discapacidad intelectual).
  • Además, puede servir de vehículo de mera presentación o descripción de dichos grupos (i.e. exposiciones sobre realidades de grupos sociales)
  • Igualmente, la cultura, permite un abordaje para demostrar las capacidades de estos individuos. A menudo, la medida de ajuste, se define con relación a las destrezas cotidianas, profesionales o sociales. Las culturales o artísticas son una posibilidad que, sin duda, deben tenerse en cuenta. No ser brillante en determinadas áreas no implica necesariamente ser malo en otras (i.e. personas con trastorno mental crónico que son capaces de interpretar ante la cámara con éxito).
  • Por último suponen un espacio de reivindicación social, de lucha contra el estigma y de difusión de los derechos y de las desventajas de personas o grupos excluídos (i.e. actividades artísticas llevadas a cabo en relación a la conferencia mundial sobre los derechos de personas con discapacidad intelectual).

José Antonio Mondragón

Director del curso de experto Arte, Cultura e Intervención Social

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