Talleres de intervención (II): Objetivos y taxonomía

Con motivo del inicio de nuestro Curso de Verano “Taller de Talleres de Intervención Psicosocial”, continuamos con esta serie de artículos sobre el tema, que esperamos que sean de vuestro interés.

Objetivos de los Talleres de Intervención Psicosocial

Los objetivos generales de este formato de intervención son:

  1. Potenciar la independencia y la autonomía de carácter personal.
  2. Facilitar niveles adecuados de satisfacción y calidad de vida a través del desarrollo de habilidades sociales y personales.
  3. Permiten de una manera más sencilla la generalización de los aspectos aprendidos, ya que se realizan en un entorno más ecológico y normalizado.
  4. Reforzar el mantenimiento de las capacidades funcionales de los individuos.
  5. Favorecer la creación y mantenimiento de los grupos de actividad, con miras a que ganen autonomía.
  6. Desarrollar actividades socioeducativas con carácter terapéutico.
  7. Permite dar un paso más hacia la práctica desde los constructos teóricos que están en su base.

Taxonomía de Talleres de Intervención

Según la definición y los objetivos establecidos, podemos exponer una clasificación de los Talleres de intervención con las siguientes categorías:

  1.  Talleres para el desarrollo personal: son aquellos que buscan la mejora de las capacidades personales (i.e. variables cognitivas, psicomotrices, u otras).
  2. Talleres para la inclusión social: dirigidas al incremento de las habilidades de tipo social, así como las destrezas necesarias para mantenerse con un óptimo nivel de adaptación en la comunidad (i.e. habilidades sociales, de comunicación, de ocio, etc).
  3. Talleres ocupacionales: son los dirigidos a la integración del individuo en los aspectos relacionados con la formación y la productividad, y van desde los dirigidos al aprendizaje y adquisición de técnicas o destrezas destinados a un desempeño laboral, hasta los que se destinan a la inclusión en el medio profesional de los individuos. Podemos diferenciar dentro de esta categoría los siguientes tipos:
  4. Talleres formativos: cuyo objetivo fundamental es la adquisición de conocimientos y el aprendizaje de nuevos contenidos (i.e. talleres encaminados al aprendizaje de una herramienta informática).
  • Talleres prelaborales: encaminados al aprendizaje de lo que podríamos denominar “prerrequisitos laborales”, que incluyen toda una serie de habilidades no específicas, y que resultan básicas para el desempeño laboral (i.e. puntualidad, adecuación en el vestir, habilidades de planificación, trato con el cliente o público, etc).
  • Talleres laborales: son aquellos que se dirigen a la interiorización de aquellos aspectos necesarios para el correcto desempeño de los individuos en un puesto o entorno laboral concreto al que se dirigen sus metas (i.e. talleres de búsqueda de empleo activa, de realización de entrevistas laborales, etc).

Rigor Metodológico y Talleres de intervención

Los experimentos realizados de la mano de la escuela conductual de la psicología del aprendizaje, a partir de los inicios del Siglo XX parecieron subir el listón de las exigencias metodológicas establecidas hasta ese momento por los teóricos del comportamiento humano. Sin embargo, los especialistas que se dedicaban a la investigación básica desde esta orientación psicológica, fueron duramente criticados por otras corrientes epistemológicas, por el hecho de que, aunque paulatinamente se mejoraban las condiciones experimentales, a través del control de un mayor número de variables y del entorno en el que se daban los estudios, se perdía valor ecológico de los resultados obtenidos en la misma medida.

Aunque las leyes que podían establecerse eran claramente medibles, replicables y demostrables, parecía que se alejaban de una forma sustancial de la manera en la que las cosas sucedían en el medio real, con individuos reales ante circunstancias reales, donde el control de las variables resultaba ser mucho menos efectivo.

A pesar de que dicha escuela puede considerarse como superada en nuestros días, es cierto que ha dejado un poso de importancia a la hora de generar condiciones de estudio o mejora de las capacidades de las personas, en relación a las exigencias metodológicas que en nuestros tiempos no podemos eludir.

Sin embargo, el formato de talleres presenta, con frecuencia algunas carencias con relación a los requisitos metodológicos mínimos.  Es probable que una de las razones que lo justifica sea el hecho de que de trabajar con grupos de individuos, y en un entorno, con frecuencia normalizado, dificulte las posibilidades de estandarización y control de las condiciones en las que se realizan las diferentes actividades que constituyen el Taller.

Aún con la consideración de estas dificultades añadidas, los criterios de diseño para el desarrollo de actividades con un formato de taller deben cumplir todas las fases de cualquier estrategia de intervención para personas con DCA -o con cualquier otro colectivo al que se dirijan-, de manera que garanticen que los resultados obtenidos vengan explicados en un porcentaje significativo, por las condiciones de intervención que hayamos diseñado y puesto en marcha.

José Antonio Mondragón
Director de Factoría de Arte y Desarrollo
(extraído de Cuadernos FEDACE)

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